La etiqueta “Nuevo Cine Tucumano” empezó a aparecer entre los medios locales hace más de una década, cuando comenzaron a exponer fuertemente lo que aquí estaba pasando; etiqueta que hoy se consolida y disputa entre realizadores que rechazan la idea del “nuevo”, y los que repetimos y defendemos este concepto para hacerlo un “sello”, como si fuera una marca, una identidad, para dejar huellas.

Con esta etiqueta les tucumanes conocieron que en Tucumán se hace cine. Que acá se filma, que somos laburantes, miles de trabajadores audiovisuales entre productores, directoras, sonidistas, fotógrafos, montajistas, y otras decenas de áreas que componen la actividad. Filmamos en Tucumán películas largometrajes, cortometrajes, animación, ficción, documentales, series, publicidades, programas de televisión y más.

Conozco colegas que se enojan por el uso del término “cine”, afirmando que en Tucumán se produce “más” que solo cine. ¡Pero por supuesto! ¿No es una obviedad? Sólo quiero hacer un recordatorio: el cine, aquel descubrimiento de fines del siglo XIX, fue el que fundó el lenguaje audiovisual. Desde los hermanos Lumiére a George Meliés, a David Griffith. Sin sus aportes no habría “lenguaje” del cine, no existiría ningún medio posterior, ni la televisión, ni tus reels de Instagram. Hablando de “cine” sintetizamos el amplio espectro. No rechaza medios o formatos, busca englobar. Generalizar.

Se adopta el término “Nuevo” Cine Tucumano casi de forma automática con la referencia de aquellas “olas” cinematográficas que impactaron en un lugar, en un contexto específico, en una época determinada. Podemos pensar en la “Nueva Ola Francesa” (la Nouvelle Vague), revolucionario movimiento que surge a finales de los 50 con directores como Francois Truffaut, Jean Luc Godard o Agnés Varda; y tenemos otra referencia más cercana: el “Nuevo Cine Cordobés”, que hace pocos años apareció y se instauró con esta “etiqueta” fuertemente en decenas de festivales internacionales.

Por estos movimientos, por marketing, porque suena bien, porque así llegamos con “nuestras películas” a gente que ni sabía que se filmaba en la provincia. Por eso, la etiqueta.

Etiqueta que a mí personalmente me divierte, me gusta, me parece provocativa, abre debates, discusiones e indigna. Etiqueta amable, poderosa, que identifica un conglomerado de producciones que efervescieron aquí en los últimos 15 años; etiqueta distintiva, para evidenciar lo que está pasando. Un cine poderoso, potente, con un presente sólido y un gran futuro artístico, productivo e industrial, que empieza a posicionar a la provincia a lo largo y ancho del mundo.

“Nuevo Cine Tucumano” es esta “ola” que emerge desde la apertura de la Escuela de Cine de la UNT, en 2005. La primera escuela de cine pública y gratuita del NOA. Espacio donde germinaron casi todas las obras que hoy conocemos. Y anterior a esta escuela, existía el Instituto Cinefotográfico, y aquel cine tucumano histórico, el de Gerardo Vallejo, el del primer largometraje: “Mansedumbre”. Posterior a esta escuela: el “Nuevo Cine Tucumano”.

Respecto a si en Tucumán se filma sólo drama y documental, no es así. Si fuera así, ¿podría haber una plataforma actualmente con contenido únicamente de género? No lo creo. Me parece contradictorio. De todas maneras, esto recién empieza. Hacer una obra de terror, ciencia ficción o fantástica conlleva un presupuesto mucho más elevado: con sus grandes decorados, vestuarios, maquillaje, efectos especiales, etcéteras. Y acá empezamos entendiendo ese “lenguaje” a través de nuestras propias historias, documentos de vida, ideas personales. De igual manera, ya hay grandes realizadores de género que la pelean. Y los banco. Al fin y al cabo, como decía Graciela Borges, “el cine es de los que resisten”. Y acá, todas, todos y todes los que filmamos, resistimos.